martes, 7 de febrero de 2012

Pelea de formatos en el libro digital

Entrevista:
¿Crees que 2012 es el año del despegue del libro digital en España?  
Es complicado hablar de despegues. Quizás lo fue en el 2008 con la llegada de los primeros lectores electrónicos. O en 2009 cuando comenzaron a popularizarse o cuando Amazon comenzó a vender el Kindle a España. O en 2010 cuando nació Libranda y las grandes editoriales españolas comenzaron su apuesta por el libro digital. O este 2011, con la llegada de Amazon.es y los nuevos dispositivos de Casa del Libro o FNAC.
Quizás lo má correcto sería decir que el libro digital ya ha despegado, lo que deberíamos ver en 2012 es como se consolidan los modelos de negocio y de pago. Si consideramos la cantidad de lectores electrónicos (más de un millón entre tablets e ereaders), es de suponer que hay muchas personas leyendo libros digitales, lo que deberíamos comenzar a ver este año es como estas personas comienzas a consumir libros digitales de pago. Desde luego, con la llegada de los nuevos agentes (como Amazon, Kobo o Google), la remodelación de los existentes (como Casa del Libro o FNAC) y las apuestas por los nuevos modelos de lectura (como 24 Symbols, o The Copia); veremos como aumenta el número de personas que leen en digital y sobre todo, leen usando modelos de pago.
Aún así, puesto que todavía hay aspectos por resolver que difícilmente veremos solucionado este año (el precio de los contenidos digitales, el uso del DRM, la adaptación de la ley de propiedad intelectual a los nuevos modelos) es complicado valorar ese crecimiento. Lo que si podemos aventurar es que el 2012 será el año de la normalización de los libros digitales, es decir, el año en el que tanto lectores como editores dejarán de ver el ebook como algo exótico para incorporarlos en sus opciones de compra y en sus estrategias de venta respectivamente.


¿Se puede considerar que el epub es el formato estándar para la publicación de libros digitales?
Es un estándar de facto al menos y el formato más popular compatible con la mayor cantidad posible de dispositivos. Quizás lo más acertado sería decir que es el estándar de las publicaciones basadas en XML, que será el lenguaje que utilicen todas las editoriales para publicar en el futuro. Por lo tanto, al ser un formato respaldado por muchas editoriales y por algunas empresas de software y de hardware tan importantes para el mundo editorial como Adobe y Apple, lo más normal es que el ePub se convierta en el estándar.
¿Se puede establecer una analogía entre el epub y el mp3 en cuanto a los inicios de las industrias libros/música?
Es una muy buena analogía, sobre todo porque el mp3 se ha convertido en el formato de audio más popular pero no en el único. En ese sentido al ePub le está pasando lo mismo, parece que se convertirá en el más popular pero no será el único. El PDF seguirá siendo un formato estupendo para algunos lectores, lo mismo pasará con los usuarios de Kindle y con los libros en aplicaciones (así como nuevos formatos que surgirán).
¿Por qué habéis optado por vender vuestros libros sin DRM?
Por dos razones principalmente, una que el DRM no evita la piratería y la segunda que buscamos que el lector-comprador tenga una experiencia amable en la compra de libros digitales y en el uso que le da a esos libros, es decir, que pueda prestárselo a un amigo o pueda disponer de él en cualquiera de los dispositivos que tenga (ereader, ipad, smarthphone, etc.). Todo lo demás son trabas al lector y al consumo de los contenidos digitales.
El DRM de Adobe es el más utilizado por los editores y distribuidores en España. Libranda lo emplea y están los siete grupos grandes. En tu opinión, ¿la experiencia de usuario con el DRM de Adobe es compleja?
En efecto, el DRM de Adobe es el utilizado por Libranda en la mayoría de los títulos y en la mayoría de las librerías, aunque debemos recordar que algunos ebooks, por decisión de los autores o las editoriales, no tienen DRM y que librerías como Casa del Libro o FNAC, al menos en su dispositivo, usan un DRM más transparente, similar al de Amazon.
Desde luego, el problema principal ha sido que el DRM de Adobe entorpece la experiencia de compra y lectura pues se trata de un proceso complejo y engorroso para el usuario. En todo caso, la cuestión del DRM no es tanto si es el de Adobe o no, si no que precisamente se protege un archivo contra el usuario que lo ha pagado. Es decir, mientras el lector que se descarga un archivo sin pagar por él tiene una mejor experiencia de descarga y un archivo que puede compartir, el usuario que paga por el mismo contenido se le penaliza haciendo que tenga un proceso peor y un archivo más limitado. Haciendo una analogía con los DVD tenemos un ejemplo clásico: al comprador legal de DVDs se le obligaba (no era posible saltárselo) a ver un comercial con el mensaje  de “no piratees”, mientras que las personas que compraban un DVD en el top manta no tenían que ver ese molesto anuncio. Se mandaba una aviso al usuario equivocado.
Pero la gran paradoja es esta: los libros más “pirateados” son también los más vendidos y los más protegidos. Es decir, muchos autores y editores se empeñan en proteger contenidos que ya están pirateados (la mayoría de los libros que están en la red proceden de versiones escaneadas de la edición en papel). Por lo tanto, más que protegerlo de los lectores “piratas”, estamos protegiendo el archivo de nuestros compradores legítimos para que no lo compartan con algunos amigos, también posibles compradores. Pero esto no cambia nada, porque quizás el comprador legal, en vez de enviar el archivo comprado, enviará un enlace del libro a un plataforma ilegal (o usará algún sistema para romper el DRM) para que su conocido se lo pueda descargar, convirtiendo así al comprador “legal” en un “pirata”. Es decir, el DRM, sin quererlo, podía fomentar la piratería.
El caso es que el DRM no protege la propiedad intelectual, es solamente un sistema anticopia y no deberíamos confundir los dos conceptos. El DRM protege sobre todo el copyright (el derecho a copia), es decir, el modelo de negocio basado en la venta de copias. Es por esto que el DRM era una opción necesaria para que autores y editores dieran el salto al digital, pero conforme se va avanzando en los modelos de negocio digitales se van dando cuenta de que no es necesario. En plena era de las redes sociales y de las relaciones directas entre editores y lectores, es negativo fomentar una relación presuponiendo que tu lector es un pirata y que por lo tanto tienes que proteger tus archivos de ellos.
En el futuro, un usuario satisfecho será la primera línea de defensa contra la piratería y el mejor sistema anticopia que la industria de contenidos podrá desarrollar. El problema no es como protegemos nuestros archivos de los lectores, sino como los incentivamos para que los compren, como hacemos para crearles una mejor experiencia que la opción gratuita.
Tomado del blog Sin Tinta

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